“Yo no vuelvo atrás”
Ella es Raquel Rodríguez, conocida con cariño como Mrs. Rodríguez por sus pequeños del ambiente Apolo del Sur, en la escuela pública Montessori Susana Rivera en Coamo.
Hoy vive plenamente su vocación como guía Montessori, pero su camino comenzó mucho antes. Criada en una familia de educadores en el barrio Los Llanos de Coamo, Raquel ejerció como maestra de Kindergarten tradicional por más de 20 años. Aunque conocía de oídas sobre la pedagogía desde sus tiempos universitarios, fue la directora de su antigua escuela quien le presentó Montessori como una verdadera alternativa de transformación comunitaria, abriéndole las puertas para visitar e iniciar su proceso con el Instituto Nueva Escuela (INE).
Como le ocurre a muchos docentes, el miedo a dar el paso estuvo presente. A Raquel le preocupaban la multiedad —un reto nuevo al prepararse como guía de Casa de Niños con estudiantes de entre 3 y 6 años— y la logística de la planificación individualizada. Transformar su espacio de trabajo y desprenderse del salón tradicional de pizarra y carteles no era tarea sencilla. Sin embargo, hoy todo ha cobrado un sentido profundo.
Tras completar su formación y cuatro años implementando Montessori, Raquel no tiene dudas: ha encontrado el lugar al que pertenece.
“Yo creo que la decisión llegó cuando al fin encontré algo justo para el niño; encontré lo que la niñez necesita hoy en día. Cuando comencé a entender lo que era Montessori y viví ese curso que me transformó desde muy adentro, me enamoré”, nos comparte Rodríguez.
La merienda compartida es una forma de involucrar a las familias, educar sobre la nutrición y fomentar la hermandad en el ambiente multiedad.
Si hay algo que Raquel atesora de esta transformación son los profundos vínculos que se construyen en el ambiente preparado. Al trabajar bajo el principio de multiedad, la guía acompaña al estudiante y a su familia durante un ciclo continuo de tres años, siendo testigo de su evolución integral.
“Llegas a conocer al niño verdaderamente. Como no estás solo diez meses con ellos, sino tres años, realmente descubres sus fortalezas, debilidades, sus gustos y a su familia. Acompañarle y enseñarle en un ambiente tan íntimo, uno a uno, cambia todas las reglas del juego”, afirma la educadora.
Esa alianza cobra vida cada semana en los padres que acuden los miércoles a leer cuentos al salón, en las meriendas compartidas una vez al mes, en los talleres a familias de la escuela y en la presencia activa durante los informes de progreso de sus hijos e hijas.
La experiencia ha transformado la vida de Raquel de tal manera que reafirma con una sonrisa que no volvería atrás. Su historia es un testimonio de valentía y un llamado a otros educadores a informarse, redescubrir la profesión y abrazar el impacto de la educación pública Montessori en Puerto Rico.