De madre montessoriana a apoyar a las comunidades en su transformación
Para el Instituto Nueva Escuela (INE), servir desde la escuela significa acompañar y fortalecer a toda la comunidad: niñez, juventud, maestros, familias y el entorno que les rodea. Reconocemos que esta manera de hacer escuela promueve una visión renovada de la educación. Por eso, le llamamos transformación: una nueva manera de educar centrada en el ser humano, la colaboración y el desarrollo integral. Y, sobre todo, un cambio que ha impactado vidas.
Una de ellas es la de Edda García Santos, quien era madre en la Escuela Pública Montessori Juana Sánchez de Juncos, y hoy forma parte del colectivo del INE acompañando a 14 escuelas públicas Montessori del este de la isla en su proceso de transformación.
“Hace casi dos décadas, nuestra familia comenzó un camino que transformaría no solo la vida de nuestro hijo, sino también nuestra manera de entender la educación y el trato hacia la niñez” , compartió Edda.
Al adentrarse en la filosofía Montessori, descubrió una pedagogía que trasciende los libros de texto tradicionales: una educación para la vida construida sobre el respeto, la autodirección y, sobre todo, la promoción de la paz. Vivir esa pedagogía en el hogar le permitió experimentar unas dinámicas de empatía, escucha activa y ambiente armónico que fortaleció los lazos familiares desde los primeros años.
Como madre, Edda da fe que la formación de su hijo en el ambiente Montessori estuvo marcada por el descubrimiento libre y la responsabilidad. Lejos de la memorización pasiva, la metodología le ofreció herramientas concretas para explorar conceptos abstractos mediante materiales diseñados para su desarrollo y un aprendizaje a su propio ritmo.
“En el aula, aprendió a tomar decisiones, a razonar críticamente y a desarrollar un genuino amor por el conocimiento. Esta estructura flexible pero rigurosa sembró en él una profunda curiosidad, disciplina personal y el hábito de resolver problemas de forma autónoma”.
La reciente entrada de su hijo a la universidad le permitió confirmar la sólida base académica y humana que recibió en su escuela Montessori. Ha visto la mentalidad inquisitiva, la capacidad de gestionar su tiempo con independencia y la destreza para el trabajo colaborativo. Destrezas que adquirió desde la niñez y se convirtieron en sus mejores herramientas universitarias.
Como madre, la escuela pública Montessori representa una mirada renovada y profundamente transformadora en el sistema educativo. Es una oportunidad diferente para los estudiantes de Puerto Rico, pues rompe con el modelo tradicional estandarizado para centrarse en el desarrollo integral del ser humano.
La escuela pública Montessori ha demostrado que es posible ofrecer una educación pública de calidad, donde el salón de clases y la comunidad se convierten en una comunidad inclusiva y orientada hacia la paz.
“Mi vivencia como madre Montessori caló tan hondo en mi vida que sentí el deseo de extenderla a otras familias. Así comenzó una nueva etapa en mi historia: pasé de ser madre de la comunidad a desempeñarme como Asistente Montessori y luego como Facilitadora y ahora Coordinadora en el INE desde el Proyecto de Transformación Escolar”.
Desde estos nuevos roles, ha tenido el privilegio de trabajar mano a mano con las guías, acompañar a los niños en su proceso diario de descubrimiento y servir de apoyo a familias que, al igual que la de ella, buscaban una opción educativa distinta, más humana, más pensada en la naturaleza del niño y la niña.
Historias como las de Edda han vivido durante los 18 años del trabajo del INE. Somos testigos de cómo las familias se involucran, fortalecen la escuela, se desarrollan y logran una movilidad que beneficia a sus hijos, sus vidas, sus familias.
“Mi esposo y yo hemos sido testigos de cómo una pedagogía centrada en la paz y el respeto puede transformar vidas, familias y comunidades enteras. Continuar apostando por la escuela pública Montessori es creer firmemente en el potencial infinito de nuestra niñez”, concluyó Edda.